Convertirme en artista visual nunca fue parte del plan.
Estudié Ingeniería Civil en Biotecnología y durante años trabajé como científica, primero en Chile y luego en Boston. Durante mucho tiempo pensé que ese era el camino que había escogido.
Sin embargo, pintar siempre fue mi motor. Hace más de quince años, mientras estudiaba en la universidad, comencé a asistir a talleres de óleo y dibujo. Pintaba mientras estudiaba, y seguí haciéndolo mientras trabajaba en ciencia.
Con los años fui buscando nuevas instancias para aprender y profundizar, primero en el retrato y más tarde en el estudio de la figura humana. Me interesaba comprender la forma, observar cómo la luz y la sombra construyen el volumen y cómo un gesto o una postura pueden decir tanto.
Quizás ahí ciencia y pintura nunca estuvieron tan lejos como parecían. Mi formación científica me llevó a observar con atención, hacer preguntas, probar, equivocarme y volver a intentar, a investigar. Cuando pinto, hago algo muy parecido.
Nunca dejo de aprender. A través de la pintura experimento con transparencias, superposiciones, gestos y planos de color. No siento que haya dejado atrás mi formación científica para convertirme en artista. Esa manera de vivir y trabajar sigue conmigo, simplemente se expresa desde otra arista.